Si no has visto Blade Runner… no sigas. A partir de aquí hay spoilers como camiones. Avisado quedas.

Una visión apocalíptica nos recibe al comienzo del filme. En una escena épica, sobrevolamos una vasta ciudad entre torres de refinerías que culminan en unas amenazantes llamaradas intermitentes. Suena Vangelis. Centenares de metros más abajo, en los fondos de la metrópolis, se cultiva una sociedad deshumanizada y heterogénea en la que el egoísmo y la desconfianza están a la orden del día. Bienvenidos a Los Ángeles en noviembre de 2019, una tenebrosa visión del futuro engendrada por Ridley Scott, Jordan Cronenweth y Syd Mead.

Tras esta breve entradilla, voy a refrescar el núcleo argumental de la película, para disfrutar de una panorámica general antes de adentrarnos en el meollo del asunto.

Una sinopsis con aderezos

Mugre, luces de neón, seres individualistas, polución, puestos de comida ambulante… En medio de aquel submundo, la trama de la película seguía de cerca los pasos de Rick Deckard, un taciturno detective con cierta adicción al alcohol. Un lobo solitario con blaster en mano.

Además de esta atmósfera que nos hace sentir incómodos e intranquilos durante toda la pelcula, un aséptico texto nos pone en alerta nada más empezar.

A comienzos del siglo XXI la Tyrell Corporation desarrolló un nuevo tipo de robot llamado Nexus vulgarmente conocido como replicante. Los replicantes eran seres artificiales superiores en fuerza y agilidad y al menos iguales en inteligencia a los ingenieros de genética que los crearon. Básicamente, virtualmente, eran como un ser humano normal y por este motivo para detectarlos era necesario someterlos a un test de Voight-Kampf.

Tras una sangrienta rebelión en una colonia exterior, donde eran usados en peligrosas tareas como la minería, fueron declarados en la Tierra proscritos bajo pena de muerte… Unas brigadas especiales de policía bajo el nombre de unidades de Blade Runner, de las que formaba parte el detective Deckard, tenían órdenes de disparar a matar a cualquier replicante invasor. A esto no se le llamó ejecución, se le llamó retiro.

¿Matar o retirar?

Retirar replicantes, o «pellejudos» como les llamaba Bryant, jefe directo de Rick Deckard, a priori no parece una tarea difícil de acometer en términos de moralidad. Al fin y al cabo estaríamos hablando de máquinas y simplemente se trataría de desconectarlas. Es como si nosotros nos sintiésemos culpables por lanzar un teléfono contra el suelo después de una llamada con mal final. Quizás nuestro bolsillo sí que se resintiese, pero desde luego no nuestra conciencia.

En todo el ambiente de cine negro que se respira en la película es incluso más sencillo de aceptar. Las personas viven sumidas en una especie de infelicidad continúa, una vida sin esperanza ni estímulo. Siempre está lloviendo y la contaminación impide que la luz del sol alcance las calzadas de la ciudad. ¿Quién iba a sentir lástima por unos robots, artificiales, sintéticos, diseñados para servir al ser humano, esclavos en estatus y sometidos desde su concepción?

El dilema de Deckard

En aquel lluvioso noviembre de Blade Runner, cuatro «pellejudos» campaban a sus anchas por unas calles atiborradas de publicidad ubicua, vapores y oscuridad. Rick tenía que encontrarlos y retirarlos, pero él se sentía como un asesino… No es difícil de comprender, sobre todo cuando va avanzando la película y nos percatamos de que los replicantes sienten y padecen, tienen falsos recuerdos implantados en la memoria que les permiten sentir nostalgia de su desaparecida familia o ser capaces de reavivar recuerdos de la infancia. A esto hay que sumarle la apariencia humanoide, imposible de diferenciar para nuestros ojos. La Tyrell Corporation, en ese preciso instante, pasa a ser en la mente del observador una deshumanizada multinacional que ha optado por convertir a los replicantes en más humanos que los humanos, sin haberse parado a pensar siquiera en las consecuencias éticas de este salto cualitativo. Una corporación que se mueve por el dinero y que fabrica esclavos con sentimientos.

Este vídeo nos va a servir de ejemplo muy ilustrativo. A partir del minuto 1:30 la mayoría de las personas se ponen en la piel de Rick y sienten lástima por el robot.

Tras comprender a Deckard, parece quedar claro que Rick seguía trabajando en las unidades de BR porque era bueno llevando a cabo su cometido, mejor que su compañero Holden por lo menos, que acabó sus días enclaustrado en un pulmón de acero. También hay que tener en cuenta que no dejaba su empleo porque, según el libro ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick, novela en la que se basó la película, Deckard tenía vetada la salida de la Tierra al estar contaminado por la radiación. En otras palabras, Rick no tenía donde caerse muerto y decidió seguir retirando replicantes para ir sobreviviendo. Así continuó hasta que se enamoró de uno de ellos, la sofisticada Rachel.

¿Deckard es un replicante? La respuesta en 2049

En el primer  trailer de Blade Runner 2049, que se estrenará en 2017, se puede ver a un Rick Deckard anciano, jubilado en una especie de mansión venida a menos que resiste en pie en medio de un desierto. Ver a Rick con 80 años ha descartado definitivamente uno de los enigmas de la película original que siempre ha seguido dándole pábulo al largometraje, si Deck era o no otro replicante. A pesar de que siempre podrían sorprendernos con algún giro de guión a última hora… desde mi punto de vista y sabiendo la opinión que tenía Harrison al respecto, me decanto por pensar que Ford se habría negado a salir en la segunda película si Deckard fuese un replicante.

Nos despedimos con el teaser trailer en castellano. Deseamos que sea una película con tanto recorrido como la primera. Y lo cierto es que el trailer, con los efectos sonoros, esa cabeza gigante, Deckard vivo y una ciudad muy bien conseguida, parecen ir por el buen camino.

El director es Denis Villeneuve (no necesita presentación), y Ridley Scott está ahí como productor ejecutivo, y suponemos que mandando en todo lo que pueda. La música corre a cargo de Johan Johansson, que ya lo bordó en Prisioneros y que evitará que echemos de menos a Vangelis con muchas reminiscencias y homenajes a la banda sonora original… Quedan 10 meses para su estreno internacional… De momento nos conformaremos con estos dos minutos de pura magia.

Al final del trailer, el bueno de Deckard reconoce que cuando se dedicaba a retirar androides, se le daba francamente bien. La respuesta de Ryan Gosling es muy enigmática: antes era más sencillo.  Es de suponer que la Tyrell Corporation ha seguido perfeccionando sus androides en las tres décadas posteriores a los acontecimientos de 2019, así que ahora los replicantes serán duros de pelar, y también de detectar… la vetusta Voight-Kampf habrá pasado a mejor vida, podrán defenderse mejor de un disparo de blasters que huyendo en línea recta y quizás hasta no les brillen los ojos en condiciones de baja luminosidad. Conjeturas… pero lo que está claro es que ahora es aún más difícil.

Como colofón al artículo, además del protagonista de Drive o Cruce de caminos, en el elenco de actores estará Jared Leto, polifacético donde los haya, Robin Wright (la mujer de Frank Underwood (Kevin Spacey) en House of Cards), Ana de Armas (muy conocida en España por su papel en El internado) y Mackenzie Davis, protagonista del espléndido capítulo «San Junipero» de la irreverente serie Black Mirror.

 

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